Todo sobre la armónica de blues

Práctica ➦ Técnicas ➦ Respiración y resonancia

PRÁCTICA
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Una correcta respiración es esencial para tocar con la armónica. A diferencia de otros instrumentos de viento, en la armónica no necesitamos ni soplar ni aspirar demasiado para poder producir buen sonido y tono. Es más importante como veremos, la técnica que la capacidad, aunque está demostrado que la práctica diaria con armónica aumenta la capacidad pulmonar e incluso es utilizada en todo el mundo como ayuda en problemas respiratorios y pulmonares.

Debemos olvidarnos pues de la fuerza, presión o velocidad al soplar o aspirar y centrarnos más en una manera relajada de respirar y en la técnica al hacerlo que es lo que finalmente dará "forma", consistencia y tono a las notas.

Al principio la tendencia es a soplar y aspirar en la armonica pensando que es la manera correcta o la única posible para tocar bien. Debemos desterrar la idea, al menos como principiante y durante un buen tiempo, de soplar o aspirar en la armónica usando nuestra boca como si fuera una especie de ventosa, donde el aire sólo tiene un recorrido: boca > armónica, armónica > boca.

Se usan siempre las expresiones de soplar o aspirar para abreviar en el lenguaje, pero en realidad debemos pensar cuando se hace uso de ellas en inhalar y exhalar, de fuera hacia dentro o viceversa, a través de la armónica. O dicho de otra forma, la armónica forma simplemente un paso más del recorrido de nuestra respiración que tiene que ser profunda.

Para ello es imprescindible la respiración abdominal, usando nuestro diafragma. Es decir, no se sopla o aspira con la boca en la armónica sino que subimos o bajamos el diafragma y el aire fluye durante todo el recorrido: pulmones > boca > armónica > manos > ambiente.

Como en el aprendizaje de todo instrumento musical, todos estos procesos necesitan el requisito de la naturalidad y la relajación, que se consiguen con la práctica continuada.

Para facilitar esto y evitar que soplemos o aspiremos con nuestra boca, el mejor entrenamiento consiste en tocar notas largas, simples y limpias con una buena embocadura lo más profunda y relajada posible.

Respiración

Al tocar con la armónica, con respiración profunda no nos referimos a respiración forzada, ni respirar fuerte ni hacer ningún tipo de esfuerzo fuera de lo común. En realidad la armónica es un instrumento en el que se necesita poco flujo y velocidad de aire para que las lengüetas vibren y se produzca buen sonido, pero ese flujo de aire debemos controlarlo, que sea estable y que el tono que produzca se mantenga sin alteraciones en el tiempo.

En nuestras primeras pruebas y ejercicios con la armónica, y aunque no sea el modo usual de embocadura como ya veremos, probemos con la armónica totalmente recta, es decir, que nuestro flujo de aire atraviese la armónica y las lengüetas totalmente paralelo y recto para familiarizarnos con la respuesta de las lengüetas ante nuestra respiración.

De esta manera, algunos principiantes nos evitamos problemas con las celdas de la izquierda, las lengüetas de tonos más graves o bajos, sobre todo la celda 2 aspirada, debido a que si inclinamos el ángulo de la la armónica o causamos que el caudal de aire sea curvo, podemos provocar, sin quererlo, que las lengüetas de esas celdas tiendan hacia el bending, osea, intenten bajar de tono, llegando incluso a dejar de sonar y creer que algo va mal en la armónica.


Si es tu primera vez, emboca la armónica de forma recta y paralela al flujo de aire en tus primeros ejercicios respiratorios para familiarizarte antes y evitar encontrarte con problemas en las celdas bajas y altas:

Embocadura con armónica paralela
Después de practicar y habernos hecho una idea de la respuesta de las lengüetas a lo largo de cada celda durante un buen tiempo, podemos empezar a embocar la armónica de la forma usual, introduciéndola más profundamente e inclinándola ligeramente:

Embocadura con la armónica introducida profundamente

Al principio la manera de respirar que se necesita para tocar durante un largo tiempo con la armónica nos puede dejar exhaustos, pero es lo normal al princpio. Con la práctica sabremos poco a poco a dominar la técnica de la respiración, a economizarla y a adecuarla a cualquier ritmo.

Esto lo comprenderemos rápidamente en cuanto intentemos tocar algo demasiado largo para nuestra capacidad. Nos sucederá que o bien nos quedemos sin aliento al soplar y que no podamos seguir produciendo notas sopladas porque necesitemos recobrar aire, o bien al contrario, tocamos tantas notas aspiradas que pronto llenamos nuestros pulmones de aire hasta que no tengamos más remedio que dejar de tocar y soltar todo el aire.

Por lo pronto, como norma general, sabiendo que hay excepciones, procuremos anticiparnos en lo que toquemos, con melodías y fraseos simples y cortos, y en procurar no quedarnos sin aire en los pulmones o llenarlos demasiado. Lo mejor para ello, aunque esto es algo que incluso lo descubriremos por nosotros mismos, consiste en respirar entre notas, es decir, inhalar y exhalar aire, según nuestras necesidades, en los silencios, tanto por la boca como por la nariz. Con el tiempo y la práctica se hará algo automático en lo que no tendremos que estar pensando o preocupándonos.

En la armónica se aspira y se exhala, algo que la hace única entre los instrumentos de viento, y por ello lo más problemático en la respiración son las notas aspiradas que se añaden a las sopladas. Al principio es muy común saturar tanto nuestros pulmones acumulando notas aspiradas con cualquier melodía, escala o fraseo que nos vemos obligados a parar, expirar y recobrar el aliento, todo lo contrario de lo que sucede con otros instrumentos de viento (sólo soplar). A esto se suma el hecho de que si tocamos en la forma más usada, la segunda posición, se hace siempre mucho más énfasis precisamente en las notas aspiradas. Por ello es necesario darnos un tiempo de práctica y entrenamiento con los consejos anteriormente citados, economizando la respiración, anticipándonos en lo que toquemos y practicando al principio con fraseos siempre cortos y ritmos lentos.

Es notorio también el hecho de que las lengüetas más graves (hacia la izquierda) necesitan mayor flujo de aire para sonar que las agudas (hacia la derecha), es algo que controlaremos a medida que vamos conociendo mejor el instrumento con la práctica.

De modo que es muy importante tener en cuenta tocar (soplar y aspirar) a través de la armónica y con todo nuestro sistema respiratorio y no limitarnos a sacar aire de nuestra boca hacia la armónica sin más.

Al aprender a utilizar nuestro diafragma con la respiración abdominal, al tocar notas mejoramos además algo muy importante: la resonancia.

Desde la forma en que sujetemos la armónica (forma de copa), la propia forma interna de nuestra boca (más abierta o menos abierta), hasta nuestra laringe y pulmones, estaremos creando una caja de resonancia que reforzarán todas y cada una de las notas que deseemos con una diferencia notable en timbre, profundidad y calidad.

La resonancia cobra especial importancia en las notas graves (a la derecha de la armónica) y es afectada sobre todo por la apertura de la cavidad interna de nuestra boca. Por todo ello es importante practicar mucho todo este apartado para mejorar nuestro tono en general.

Uno de los mejores ejercicios diarios, no sólo con la armónica sino con cualquier instrumento de viento, tanto para principiantes como para usuarios avanzados como mantenimiento, consiste en tomarse una sesión de diez o veinte minutos y tocar notas largas, aspiradas o sopladas, así como la práctica contínua de pequeños fraseos, riffs y escalas cortas.

Especialmente para principiantes podemos comenzar por ejemplo con las celdas 1 a la 3, aspirando de forma suave e ir aumentando progresivamente durante unos diez a quince segundos. A continuación hacerlo al contrario, comenzar más fuerte y terminar más suave. Repetir las mismas celdas soplando. Pasamos luego al segundo grupo de celdas más difíciles, las de la derecha, las más agudas, de la 7-8 a la 10 usando la misma técnica. Observemos cómo actúa nuestro diafragma, cómo nuestro caudal de aire pasa a través de la armónica, desde nuestro interior atravesando la armónica o viceversa.

Notemos cómo cada lengüeta tiene su propia resonancia con la que se consigue un tono o timbre pleno, amplio y óptimo como resultado de nuestra respiración y de nuestra disposición bucal interna. Las diferencias no sólo son entre lengüetas o celdas de una misma armónica sino también entre armónicas de diferentes tonalidades.


Consejos del momento:

Tanto si aprendes de forma autodidacta o no, escucha toda la música con armónica que puedas. La oferta actual en cuanto a audios y vídeos gratuitos es la mejor de todos los tiempos y no podemos poner escusas. En esto no hay reglas y todo lo que nos pueda ayudar sirve, especialmente música que nos guste y nos inspire, que nos invite a tocar, de nuestros artistas favoritos, y literalmente empaparnos de hasta la última nota que oigamos en ellos. De vez en cuando hagamos nuestras propias grabaciones y comprobemos nuestro propio progreso comparando qué debemos mejorar.



Algunos ejemplos en vídeo:


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