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CW · Morse ➦ El código morse, alfabeto internacional


Rincón de herramientas para el más fascinante sistema de comunicación de todos los tiempos

La comunicación mediante el código morse es un arte especial y único que siempre ha intrigado a quienes la han conocido. La idea de enviar, recibir para luego traducir sin ninguna ayuda electrónica o informática, ideas y pensamientos a través de pulsos, sonidos, golpes o luz intermitentes que conforman un código representando al alfabeto es simplemente genial, siempre ha despertado curiosidad y ha estado envuelto en cierto halo de misterio y enigma. A pesar de estar actualmente superado por las modernas tecnologías, el morse sigue desafiándolas como un medio alternativo, simple, robusto y efectivo.

Junto con la electricidad y el despliegue del cableado terrestre y más tarde mediante el uso de las ondas hertzianas y la radio (CW), el morse constituyó ni más ni menos que la base de las comunicaciones modernas y de la radioafición, embrión de las primeras promociones de ingeniería en telecomunicaciones en todos los países. Al contrario de lo que se supone, el código morse no solo no está desfasado sino que sigue vivo y es más utilizado hoy en día que nunca a pesar del empeño en la última década en la eliminación de su conocimiento por parte de los altos cargos de la radioafición.

El tradicional sistema de puntos y rayas del morse (Samuel Morse y Alfred Vail, 1838), conocido por todos, es una representación gráfica que proviene de los primeros tiempos de la telegrafía eléctrica terrestre. La incipiente electricidad combinada con el recién creado código dió como resultado el primer sistema estandarizado de comunicación instantánea a distancia en una época en la que ni siquiera se había inventado aún la bombilla eléctrica. Se expandió y adoptó rápidamente en todo el mundo y en sus primeras estaciones receptoras (registros) los mensajes originalmente aparecían literalmente impresos con estos signos en cintas de papel para ser luego traducidos.

Resonador - Sounder y manipulador
resonador telegráfico y manipulador

En poco tiempo (década de 1840) se hizo patente por los operadores, y por el propio Vail, de que este último paso se podía obviar simplemente por la experiencia escuchando los golpes del artilugio que imprimía los signos, aprendiendo a traducirlos directamente, por lo que el impresor para cinta o registro dejó de usarse a favor del resonador, sonante o sounder (una de las primeras aplicaciones prácticas del electroimán) que, reforzado acústicamente, convertía los impulsos eléctricos en golpeteos (un golpe cuando el electroimán se activaba y otro golpe cuando cesaba la corriente, o lo que es lo mismo, un golpe cuando el corresponsal pulsa su manipulador y otro golpe cuando lo suelta).

Desde 1746 se venían desarrollando los primeros prototipos de telegrafía electrostática con botellas de Leyden como los de Kleist y Musscheubroek, Charles Marshall (1753), Lesage (1774), Agustín de Betancourt (1787), Francisco Salvá (telégrafo electroquímico con pila de volta 1795), Harrison Gray Dyar (electrolítico de una sola línea 1826), Thomas Sammuel von Soemmerring (de aguja basado en el de Salvá 1832), Paul von Schilling (primer telégrafo electromagnético 1832). También se desarrollaron multitud de otras invenciones telegráficas eléctricas usando otros códigos como por ejemplo los inventados por Steinheil (1837 electromagnético de aguja) un año antes que el de Samuel Morse, Cooke y Wheatstone (1837 - de agujas), Hughes (1855 - teclado e impresión), o Baudot (1874, teclado de cinco teclas), predecesor del ASCII, con versiones que luego se utilizarían para el teletipo (Télex, TTY) y radioteletipo (RTTY) hasta fechas muy recientes como máquinas de escribir punto a punto interconectadas y bastante sofisticadas.

Sin embargo el sistema que terminó expandiéndose y estableciéndose de forma arrolladora fué el código morse sea cual fuese el medio por el que se enviase y supuso una revolución sin precedentes en las comunicaciones. En la década de 1850 se comenzaron los tendidos de miles de kilómetros de cables submarinos que, aunque con muchos problemas iniciales, supusieron la interconexión de continentes enteros además de los tendidos terrestres ya existentes en todo el mundo y que iniciaron la comunicación prácticamente instantánea a nivel global.

Radiotelegrafista

A pesar de que los puntos y las rayas es la forma más popular y conocida para representarlo, en la actualidad esta forma solo es útil a efectos de una primera comprensión del alfabeto por su abreviación gráfica. Con la llegada de la radiotelegrafía (CW) (1900), en lugar de los golpes del resonador, se terminaron usando los pulsos sonoros o tonos interrumpidos, la forma en la que todos reconocemos el morse hoy en día, por lo que su aprendizaje hay que abordarlo como el de un nuevo idioma o algo parecido a estudiar música, donde lo más importante es el sonido, cadencia y ritmo de cada caracter compuesto por combinaciones de señales cortas, largas y espaciados. Para iniciarnos es imprescindible centrarnos desde el primer momento en el cómo suena y no en cómo se representan mentalmente los caracteres de forma gráfica, ni mucho menos en estar contando puntos y rayas.

La telegrafía y el morse supusieron un enorme avance tecnológico y social que cambiaron por completo las comunicaciones, el periodismo, los propios titulares de prensa, el propio lenguaje usado en ellos que terminó siendo influenciado por las abreviaciones usadas entre telegrafistas y que terminaron incluyéndose en el idioma, utilizándose en todos los ámbitos, las transacciones de todo tipo, actividades comerciales, servicios marítimos, militares, policiales, de salvamento, inicios de la radioafición, etc. Después de décadas de uso intensivo y efectivo de los servicios telegráficos y radiotelegráficos, éstos fueron sustituyéndose paulatinamente por los avances que siguieron, ya conocidos por todos, y que hace tiempo superaron al viejo morse en capacidad y velocidad. Aún así el morse como código y el CW (A1A, continous wave, onda contínua, radiotelegrafía) como modo de transmisión siempre permanecen ahí como los más básicos, simples, robustos y efectivos sistemas de envío de información.

Un primer encuentro con el morse

Han sido muchos los intentos de eliminarlo definitivamente. Siempre bajo presiones tanto políticas como económicas, primero fue decretado su abandono en las comunicaciones marítimas, pasando por ejércitos y gobiernos que eliminan todo rastro de esta forma de comunicación por considerarla desfasada y obsoleta para a continuación, ante problemas, incidencias, catástrofes o calamidades, volver a hacer uso de él periódicamente (y dejándolo como medio alternativo, formando a reducidos grupos de personas al año - por si acaso), y finalmente en la propia radioafición de casi todos los países donde se eliminó la obligatoriedad de su conocimiento para la obtención de licencias ante el descenso de afición, dando como resultado la perplejidad entre muchos aficionados que lo consideran como un desprestigio de la actividad.

Como reacción, se ha intensificado su uso en todas las bandas, se reivindica como un orgullo y son muchos los aficionados que solo usan el CW como medio exclusivo de operación. Se ha llegado incluso a proponerlo ante la UNESCO para ser declarado patrimonio inmaterial de la humanidad, al fin y al cabo el morse es la más antigua y básica forma de comunicación en tiempos modernos, íntima y estrechamente ligada al nacimiento de las primeras comunicaciones y de la propia radio. Después de casi 175 años ya de existencia se intuye que el morse es uno de esos sistemas básicos de comunicación que permanece mientras lo demás cambia o se transforma.

Aún continúan en activo las emisiones morse en radiofaros de ayuda en la navegación aérea NDB y VOR, con o sin decodificadores, y pilotos y controladores deben estar familiarizados en el código para intercambiar mensajes en el caso de que las demás comunicaciones estén comprometidas, aunque en el caso de las balizas es probable de que en el futuro sean reemplazadas por satélites.

En definitiva, el morse ha sido oficialmente desincentivado de forma activa desde las más altas instancias por razones que no tienen nada que ver con su utilidad. El CW (modo de transmisión) y el morse (código), independientemente de estar ampliamente superado en capacidad y velocidad por los medios actuales, continúa siendo en pleno siglo XXI tan eficaz, valioso y práctico como desde los primeros días. El CW sigue siendo el modo más efectivo, el de menor ancho de banda, con el que mejor se filtran QRM e interferencias tanto al recibir como al emitir, de 10 a 20 dB de ventaja frente al modo SSB, el que mejor utiliza y economiza las bandas, el de mayor penetración y con el que más contactos DX se logran con menor potencia de transmisión, el más barato y simple a la hora de adquirir o construir transceptores sin necesidad de emplear fortunas en equipos, el más sencillo para desplegar antenas y el más abordable desde el primer día para hacer QSO's con estaciones de cualquier lugar del mundo gracias a su especial lenguaje de abreviaturas, señales y procedimientos independientemente de idiomas o acentos. Si para todas estas ventajas lo que se necesita es tener conocimientos del código y ser un apasionado de la radio, se entiende fácilmente porqué tanto empeño en la última década en su desprestigio y ninguneo desde los más ionosféricos cargos de la propia radioafición abandonando y entregando los tramos de las bandas de HF dedicados desde siempre exclusivamente al CW para ser compartidos o directamente dedicados a modos digitales exóticos y efímeros de forma velada y sin previa consulta a los aficionados.

Entre las ventajas de toda la vida sobre el morse:

Blinker

Actualmente el morse está integrado totalmente en electrónica e informática, y existen herramientas realmente insuperables para el aprendizaje, pero contra todo lo que pudiera parecer no hay capacidad de proceso que pueda igualar la calidad de codificación o descodificación de señales frente al oído humano que, bien entrenado, será siempre superior con señales que por ejemplo no se diferenciarían del ruido existente, de las interferencias, del desvanecimiento o de la irregular, mala o especial manipulación de quién envía el código. Debemos tener en cuenta que una recepción manual siempre se descodificará mejor por un oído entrenado que por un programa informático o un equipo electrónico por muy ajustable que sea.

Como única desventaja, y utilizándolo de forma totalmente analógica y sin ayuda alguna, el requisito es que ambos, remitente y destinatario, deben tener un dominio mínimo del código que siempre consiste en un período de práctica en recepción con ejercicios de mucha repetición que podrían parecer más difíciles de lo que en realidad son. Es decir, el morse es en realidad un nuevo idioma, mucho más simple, pero que debemos aprender desde cero a base de reiteración contínua. Una velocidad mínima para empezar sería de unos 5-8 ppm (palabras por minuto), una aceptable sería de unas 10-15 ppm. Con la práctica y la experiencia podríamos llegar a las 20-25 ppm o más incluso.

A la hora de transmitir con manipuladores, especialmente cuando se trata de las clásicas llaves manuales verticales, y a fin de que el código resulte lo más legible y nítido posible, es esencial mantener un buen equilibrio y exactitud en la duración de pulsos cortos y largos (puntos y rayas) y espaciados entre ellos, entre caracteres y entre palabras.

La estructura básica del espaciado del código morse con la que podríamos partir para conseguir un equilibrio armonioso sería aproximadamente la siguiente:

El mejor método para dominar la recepción a oído es escuchar y anotar, en sesiones frecuentes pero no demasiado largas, grupos de cuatro, cinco o seis caracteres aleatorios (letras, números, signos, abreviaturas) que no formen palabras entendibles ni lenguaje claro para no anticiparnos por deducción. Es importante también que en las prácticas intentemos escuchar a una ligera mayor velocidad de la que seamos capaces para no estancarnos y entrenar mejor el oído.

Otros métodos muy efectivos para aprender morse (ver software) son, por ejemplo, el espaciado Farnsworth, inventado por Donald R. Farnsworth (W6TTB) a finales de 1950 y que consiste que aprender desde el principio a recibir caracteres a velocidades altas (entre 15 y 25 palabras por minuto o más) pero distanciando mucho más la separación entre ellos, de esa forma nos acostumbramos a identificarlos y reconocerlos por su sonido con suficiente tiempo de reacción entre uno y otro. Es decir, dejando a un lado el espaciado tradicional explicado arriba, se aumentan mucho más las distancias entre caracteres mientras éstos suenan a velocidades elevadas. Este sistema se suele combinar con el método Koch, desarrollado por el psicólogo alemán Ludwig Koch en la década de 1930 que consiste en comenzar por aprender con series partiendo de solo un par de letras y añadiendo nuevos caracteres a medida que mejoremos los aciertos.

En las simulaciones de estas páginas no se utiliza el espaciado Farnsworth pero la mínima velocidad permitida para ejercitar y reproducir los audios es de 10 ppm. Empezar a ejercitar con velocidades menores a ocho / diez caracteres por minuto suele ser demasiado exasperante, poco práctico y lento, incluso contraproducente para empezar desde cero.

A la hora de enviar el código se utiliza el manipulador que, básicamente, no es más que un interruptor que abre o cierra, activa o desactiva un circuito. En base a esto existe una enorme variedad, casi infinita, de dispositivos para transmitir el código que a su vez determinan la manera en que se manipula. La siguiente clasificación es un intento de enumerar los más importantes:

Manipulador recto

El manipulador recto o vertical (straight key, hand key) es el más usado desde el origen de la telegrafía morse, posiblemente el más natural e intuitivo de usar. Aparentemente simple pero que requiere de un buen entrenamiento, pulso y relajación. Se necesita además uns adecuada flexibilidad, distensión y relajación de dedos, muñeca, músculos y brazo. Normalmente se recomendaban unas pautas estándares de sujeción y apoyo, pero al final cada persona tendrá su particular forma de manipular. Es difícil superar las 20-25 ppm con él, una velocidad ya de por sí crítica en términos generales para mantener comunicaciones prolongadas. Es el manipulador manual por excelencia y al usarlo imprimimos nuestro carácter personal al código de tal forma que quien nos reciba a menudo puede incluso identificarnos e incluso conocer nuestro estado de ánimo cuando los contactos sean muy frecuentes.

Cootie

Los horizontales mecánicos (maniplex, maniflex, sideswipers, cooties) con los que manipulamos horizontalmente y en los que existen dos contactos a ambos lados de la palanca, uno para señales cortas y otro para las largas indistintamente. Surgieron como alternativa al manipulador vertical ya que, dependiendo del operador y ante grandes cantidades y tiempo de envío de código, la manipulación horizontal resulta más descansada. Se pueden llegar a velocidades altas si se usan bien imprimiendo también en el código el carácter único de cada operador.

Bug

Los horizontales mecánicos semiautomáticos, más conocidos como bugs, son una ingeniosa invención comercializada por por primera vez por la marca Vibroplex, nombre con el que se popularizarían en adelante a estos y a todas sus variaciones (hubo un antecedente previo, el autoplex, pero alimentado a baterías). Con ellos se consiguen pulsos cortos automáticos al pulsar a un lado (regulables mecánicamente) y pulsos largos manuales al pulsar al otro por lo que el código resultante sigue conservando cierto carácter. Está especialmente preparado para velocidades altas, requiere tiempo de práctica y, bien dominado, produce un código casi perfecto pero con tendencia a velocidades elevadas al igual que los horizontales automáticos electrónicos (yámbicos, paddles, keyers, etc.).

Paddle

Las variantes electrónicas totalmente automatizadas o informatizadas como los paddles, de paleta y palanca única, de paleta y doble palanca, de paleta yámbicos, single lever paddles, dual lever paddles, iambic paddles, squeeze keys, keyers, etc. son muy parecidas al manipulador horizontal semiautomático o bug en cuanto a velocidad, produciendo un espaciado perfecto, con pulsos cortos y largos automáticos y configurables a izquierda y derecha o viceversa. En el caso de los yámbicos de doble palanca, los más configurables, permiten además sucesiones automáticas de rayas-puntos o viceversa si se pulsan las dos palancas a la vez. En este tipo de manipulación el operador solo controla cuándo o en qué momento quiere producir pulsos cortos o largos, la duración, repetición y espaciado de ellos es automática, asistida mediante circuitos electrónicos, por ejemplo incorporados en los propios transceptores o en dispositivos independientes o keyers, programas informáticos, etc.

Aunque no resulte una manipulación tan genuina como los mecánicos, con estos tipos de manipuladores el código resultante es muy nítido y se envía con bastante facilidad resultando especialmente adecuada para alta velocidad o para personas con algún tipo de discapacidad a las que les resulte imposible o difícil la manipulación mecánica vertical aunque, eso sí, el código es prácticamente idéntico de un operador a otro, resultando en transmisiones muy uniformes y monótonas en comparación con la manipulación manual.

Exceptuando los casos de balizas y similares, y en los concursos de radioafición donde suele ser habitual, no tiene mucho sentido que el código lo envíe una máquina, en el caso de teclados o dispositivos que directamente envían código a un transceptor por ejemplo, y no sea una persona quien lo haga, ya existen otros medios de transmisión digitales para eso, aunque para gustos colores. No son pocos los casos de aficionados que por alguna u otra razón utilizan teclados o programas para enviar código aunque sea automáticamente sabiendo que con el CW y el morse su señal llegará donde otros tipos de modulación no lo harán.

Manipulación
En la comunicación morse es mucho más importante y relevante la exactitud, la precisión, el espaciado, la uniformidad y la estabilidad de nuestra manipulación que la velocidad al enviar código.

El aumento de velocidad se conseguirá con la experiencia y agilizará mucho las comunicaciones pero en la práctica es totalmente secundario porque lo que cuenta es la lectura del mensaje original de forma que el operador corresponsal lo reciba con comodidad. Como norma básica entre muchas otras de sentido común, respondamos siempre a una velocidad proporcional y nunca superior.

Es de primordial importancia aprender a controlar bien la duración de los pulsos y las separaciones entre éstos, entre caracteres y entre palabras.

Es una tendencia frecuente al principio juntarlos demasiado creando confusión a quién recibe. También es una tendencia, a veces irresistible, el querer enviar código cuanto más rápido mejor pero reconozcámoslo, no vamos a asombrar a nadie intentando transmitir a 90 palabras por minuto cual fibra óptica. Es mejor centrarse antes en el estudio y recepción de todo el alfabeto, adquirir algo de velocidad para pasar luego a manipular lentamente comenzando con una llave vertical. La velocidad en la manipulación manual del código no implica en absoluto una mayor calidad o una mejor forma de comunicación sino todo lo contrario, es mejor contenerse y controlar la cadencia y el espaciado. Con la práctica el código saldrá de forma natural a una buena velocidad, sin errores y sin málos hábitos.

La alta velocidad es una práctica tan excitante como cualquier otra y aunque hay que reconocer que hay operadores que traspasan fronteras transmitiendo con paddles y recibiendo y reconociendo manualmente código a velocidades increíbles (Ver ejemplos de recepción a 30 ppm, a 70 ppm e incluso batiendo records de 200 ppm - hablando estaríamos emitiendo a una media de 100 ppm aprox.), el morse tiene sus límites prácticos naturales para la mayoría de las personas tal y como se ideó. A propósito, esta afición a velocidades tan altas (HST - High Speed Telegraphy) a modo de concursos, aunque siempre hayan existido desde el inicio de la telegrafía, actualmente ha experimentado mucho auge, tanto transmitiendo manualmente con paddles como recibiendo a oído a través software (CW Runner, RufzXP, Morse Runner etc.) y es otra reacción más ante el desprestigio, desmotivación y ataques al CW de los últimos años tal y como cuentan sus propios aficionados, los récords en velocidad transmitiendo y recibiendo son astronómicos.

Tengamos en cuenta que en morse la comunicación es de operador a operador, entre personas, y aunque podamos usar sistemáticamente decodificadores electrónicos o informáticos tanto para enviar como para recibir, o aficionarnos a velocidades elevadas, el morse realmente se disfruta para lo que fué creado, es decir, velodidades medias (15 a 25 ppm aprox.) y sobre todo traduciéndolo o decodificándolo nosotros mismos sin ninguna otra ayuda.

No debemos preocuparnos en cometer errores, como verás simplemente se envía un sencillo signo de corrección y se repite la última palabra, pero siempre que practiquemos o enviemos código procuremos hacerlo siempre como si nosotros mismos tuviésemos que copiarlo.

El alfabeto morse estándar es el internacional representado aquí y derivado del antiguo código morse original, conocido hoy como americano o Railroad Morse, todavía usado pero casi extinto. La idea original de Samuel Morse fue la de un código compuesto solo por números y un libro de claves para transcribir luego a caracteres. Junto a su colaborador Alfred Vail y un trabajo de documentación en un periódico local sobre las letras estadísticamente más usadas idearon el primer código alfanumérico, así la letra "e", por ejemplo, correspondía a la estructura más sencilla, el punto (pulso o señal corta), por ser el caracter más habitual en inglés. Este primer código era algo más sencillo en general porque predominaban sobre todo los puntos o pulsos cortos, resultaba ser un 5% más rápido que el internacional, pero algo extraño desde el punto de vista actual porque algunos caracteres incluían espaciados internos.

Con el éxito y la rápida expansión del morse, surgieron variantes en muchos países pero la más importante fué la del alemán Friedrich Clemens Gerke que en 1848, inicialmente solo en la línea telegráfica entre Hamburgo y Cuxhaven, reorganizó y cambió cerca de la mitad del alfabeto y todos los números dando lugar al código continental que se aprobó como estándar en el Congreso Internacional de Telegrafía de París en 1865. El morse original continuó usándose durante varios años en telegrafía terrestre en todo el continente americano hasta su progresivo deshuso siendo uno de sus últimos reductos la red de ferrocarriles mexicanos y en general los países de Centro y Sudamérica. Con la coexistencia de los dos formatos, mezcla y a veces confusión entre operadores, se terminó por establecer una última y definitiva variación, el código internacional, aprobado en 1912 en Londres y en adelante por la recién creada ITU en 1932 en Madrid, al fundirse las dos organizaciones internacionales existentes, la Unión Telegráfica y la Unión Radiotelegráfica.

Existen muchos otros alfabetos alternativos como el wabun o japonés, chino, coreano o SKATS, otras variantes orientales, griego, ruso, árabe, turco, etc. Además, dependiendo del idioma, existen muchos caracteres con tildes, especialmente vocales, ampliamente usados aunque no figuren en la especificación internacional, y que normalmente se suelen reemplazar por la variante sin tilde a fin de simplificar.

Los puntos y las rayas son solo una representación para en principio entender la lógica. Debemos centrarnos en memorizar el sonido y la cadencia única de cada caracter con sus pulsos cortos, largos y espaciados.


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