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Durabilidad de las lengüetas:

Desde que comienzan a vibrar, las lengüetas metálicas tendrán una vida útil difícil de determinar antes de que puedan producirse problemas como fatiga o microfisuras, especialmente las de determinadas celdas. Si las sabemos cuidar y aprendemos a tocar adecuadamente, algo que suele llevar años de práctica, puden durar incluso de forma indefinida aunque toquemos con muchísima frecuencia.

De forma resumida, hay al menos tres factores muy importantes a tener en cuenta para lograr que nuestras armónicas tengan la mayor durabilidad:

Cuanto más uso le demos a una armónica en particular más debemos tener en cuenta lo explicado sobre el mantenimiento periódico y limpieza. En el caso de un uso muy intensivo de una determinada armónica debemos acostumbrarnos a desarmarla completamente de vez en cuando, y limpiar en profundidad, algo que sin duda aumentará la vida útil y la duración de las lengüetas en general.

Detectaremos la fatiga en cualquier lengüeta cuando notemos que suene por debajo de su tono normal, entre las más usuales esán las 4 aspirada, 6 aspirada, 5 aspirada, 7 soplada y 7 aspirada. Si tenemos suerte y sólo se trata de una desafinación podemos volver a afinarla, algo que puede ocurrir incluso en armónicas nuevas, pero si comprobamos que tras la afinación el problema se repite, o que incluso durante la afinación la lengüeta está muy débil y se rompe, significaría que ya estaba dañada por fatiga, microfisuras o microroturas en el metal.

Otra forma de comprobar el estado de cada lengüeta es sacudiéndolas con una herramienta metálica muy fina como una galga de espesores o cuchilla muy delgadas. Con ellas se levanta un poco la punta de cada lengüeta y se suelta de golpe. Al "sacudirlas" varias veces de esta forma comprobamos con atención al sonido que debe ser claro, nítido y brillante. Si el sonido resulta apagado, amortiguado o sordo y hemos comprobado que la lengüeta no está rozando en ningún punto con la ranura ni presente bloqueos, es posible que entonces ya presente síntomas de fatiga y no pueda vibrar con normalidad. En último extremo cuando una lengüeta deje de responder o vibrar o directamente se rompa existe la opción de poder sustituirla.

Se suele aconsejar que cuando estrenemos una armónica nueva, recién comprada, la toquemos de forma muy suave y tranquila durante un tiempo a fin de ir acostumbrando las lengüetas a nuestra forma de tocar, algo parecido al "período de rodaje" de un coche o automóvil, y conseguir así que las armónicas tengan un buen estreno y resulten más duraderas. Otros armonicistas afirman que en realidad esto no es en absoluto necesario porque simplemente no lo hacen y nunca han tenido problemas con ellas sino que es más bien una cuestión de aprender desde el principio a tocar de forma suave, dominando la respiración diafragmática y la resonancia, relajando la embocadura y mejorando la técnica al tocar en general. Sin embargo el método de "acostumbrar" las nuevas armónicas recién compradas está muy arraigado y se sigue utilizando y recomendando incluso en los manuales y folletos informativos de los propios fabricantes, todo a fin de evitar una prematura desafinación y, en último caso, rotura de las lengüetas.

En cualquier caso, afecte o no a la durabilidad, es aconsejable tocar con armónicas nuevas de manera suave y relajada al principio, probando en cada celda con todas sus notas normales, bends y overbends, puesto que se pueden eliminar muchos problemas de ajustes de fábrica, zumbidos y chirridos agudos.

También se suele advertir de no tocar nunca bruscamente una armónica que esté demasiado fría por la diferencia súbita de temperatura que afecta al metal de las lengüetas, precalentándolas al principio y tocando suavemente para aclimatarlas, algo de sentido común si estamos hablando de diferencias dramáticas de temperatura en zonas con climas muy fríos. Este consejo está especialmente orientado hacia las diatónicas con cuerpos o peines metálicos en bajas temperaturas y en armónicas cromáticas que al tocarlas cuando están muy frías, se condensa humedad rápidamente, en forma de gotas en las válvulas de material plástico, debido al cambio drástico de frío a calor, atascándolas hasta que poco a poco el peine va "entrando en calor".

En todo caso, tanto si se trata de armónicas recién estrenadas como de lo fría o templada que esté al empezar a tocar, usemos el sentido común y probemos soplando suavemente al inicio a lo largo de todas las celdas y sobre todo no tocar muy fuerte ni agresivamente al momento de usarla, el peor enemigo de las lengüetas.

Las lengüetas, sin entrar en disquisiciones científicas, actúan bajo el mismo principio que el de un resorte o muelle y admiten cierta elasticidad pero vuelven inmediatamente a su posición original. Desde el primer día de uso, las lengüetas empiezan a vibrar y por lo tanto, como cualquier otro resorte, al estar sometidas a tensión y compresión, se producirá inevitablemente fatiga de material a lo largo del tiempo, lo que podría dar lugar a microroturas y finalmente, en el peor de los casos, al desafinado y/o inutilización de la lengüeta. Los factores que dependen para la durabilidad de las lengüetas son enormes y es imposible explicarlos aquí porque cada armonicista tiene su particular y exclusiva forma de tocar y cada lengüeta estará fabricada con determinados materiales y troquelada o cortada con mayor o menor calidad y precisión.

Simplemente no se puede dar una norma o aproximación sobre cuanto puede durar una armónica, marca, modelo, tipo de lengüeta; a muchos les puede durar toda la vida, a otros les suele durar poco antes de tener problemas de desafinado o roturas, sea cual sea el tiempo de uso diario e incluso a veces del cuidado o mantenimiento que tengan con ellas. Antiguamente sólo se producían lengüetas con aleaciones de latón y mucho más finas que las actuales, hoy en día nos encontramos con grosores mayores y de varias calidades, de latón y aleaciones, de latón/fósforo, de acero, de acero inoxidable, etc.

Periódicamente se leen opiniones y experiencias de armonicistas (profesionales o no) cuyas armónicas les duran muy poco tiempo antes de empezar a tener problemas de desafinado y de rotura en las lengüetas. En algunos casos sólo de uno o dos años, o incluso meses, sea cual sea la marca, el modelo o la calidad de las mismas, en muchos casos no sólo porque toquen de forma muy continuada (armonicistas profesionales con gran cantidad de giras, conciertos, etc.), sino tambíen porque tienen la "tendencia" a hacerlo.

Obviamente estos casos no pueden ser una generalización puesto que hay opiniones totalmente contrarias de otros armonicistas, con igual o mayor experiencia y años tocando, en los que sus armónicas duran muchos años, o simplemente afirman que cuidándolas y tocándolas adecuadamente no dan nunca problemas en este sentido. Recordemos que la armónica fué el instrumento más vendido del sigo XX precisamente por su popularidad debida a su precio. Tocándola adecuadamente puede durar de forma prácticamente indefinida. En cualquier caso, es un tema en el que la polémica está servida y la diversidad de opiniones entre armonicistas profesionales y amateurs es muchas veces contraria y todo el mundo cree tener su "método infalible".

Basta con mirar una lengüeta para comprender que con una fuerza excesiva y premeditada al soplar o aspirar es posible que sometidas a tanta presión se desafine, desajuste o incluso quede inservible y sin respuesta en ese mismo momento, o una vez pasado cierto tiempo. Igualmente, una lengüeta no va a producir más volumen porque soplemos tres veces más de lo normal. Si nos empeñamos en eso, lo que sí va a suceder es que habrá tres veces más de probabilidades de que con el tiempo se desafine, desajuste o quede inservible.

Una de las situaciones en las con más probabilidad se produzcan estos problemas es sobre todo cuando estamos aprendiendo la técnica del bending y overbending en cualquiera de sus variantes, y también la de tocar sin amplificación junto a otros instrumentos con muchísimo más volumen, obligándonos, o viéndonos en la necesidad inconsciente, de soplar/aspirar mucho más fuerte de lo habitual.

Recordemos, podemos soplar o aspirar seis veces más fuerte que nuestro mejor día, pero llegado un cierto punto las lengüetas sólo producirán exactamente el mismo volumen. No sólo eso sino que además, al tocar de forma tan agresiva, se pierde tono. La mayoría de los buenos armonicistas tocan de manera suave, usando el diafragma, aumentando la resonancia natural de cada nota con nuestra cavidad bucal, relajando la embocadura y proyectando así buen tono y volumen. Si en lugar de usar nuestro diafragma inhalando y expirando, usamos nuestra boca para literalmente soplar y aspirar muy fuerte, la presión y el estrés sobre las lengüetas es muchísimo mayor, y peor aún si añadimos bendings. Escuchando por ejemplo, a Junior Wells, podría darnos la impresión de ser alguien que toca de manera muy fuerte, seca y agresiva, sin embargo es todo lo contrario. Por otro lado algún que otro gran armonicista de Blues decía justo lo contrario, había que soplar todo lo que se pudiera como si le fuera la vida en ello.

De las opiniones recogidas de la inmensa mayoría de los armonicistas, y de su propia experiencia a lo largo de los años, todos coinciden en que el principal problema de la tendencia de muchos a desafinar, fatigar y romper lengüetas con cierta frecuencia se debe sin duda a la técnica con la que toquemos, en la que están involucradas, respiración con el diafragma, resonancia, aumento de la cavidad bucal, garganta, proyección del volumen con juego de manos si las usamos, nunca sobretensionar las lengüetas al aspirar/soplar demasiado fuerte, etc., ya explicados en "Práctica".

Como ejemplo más representativo, entre muchos otros, recogemos un extracto traducido de un artículo en este sentido de Pat Missin, un auténtico gurú de la armónica (con permiso expreso de su autor), y basado en su propio ejemplo como armonicista en muchos años de experiencia:

Cuando empecé a tocar armónica por primera vez, solía ·"acostumbrarlas" (hacerles el rodaje) cuidadosamente, de forma que durasen, generalmente, unas pocas semanas más, antes de desafinarse. Después de más de veinte años tocando, ya no me preocupo en darles ningún tratamiento especial (aclimatarlas) cuando las armónicas son nuevas, mis armónicas duran ahora casi indefinidamente. Todavía toco algunas de las primeras Lee Oskars que compré allá por 1986 y en estos últimos quince años. Creo que sólo fundí cuatro o cinco lengüetas tocando (aunque dañé unas cuantas, experimentando con ellas). Esto incluye varias temporadas trabajando como músico en la calle, tres meses al año, tocando ocho horas al día, seis días a la semana. Es una cantidad enorme de tiempo en el que las pobres lengüetas de mis armónicas han tenido que estar vibrando arriba y abajo. La razón por la que hayan durado tanto no es porque hayan tenido algún tratamiento mágico o especial en los primeros días, recién compradas, sino simplemente porque toco con una buena técnica, que produce volúmen y proyección sin necesidad de sobretensionar las lengüetas. Esa técnica es algo que posiblemente algún buen profesor sea capaz de explicar, pero que se escapa al objetivo de esta página web.

Leer el artículo completo en: www.patmissin.com

Recordemos pues, tocar siempre de forma suave, es el mejor consejo, tanto para el tono, como para la duración.

Además, aunque no frecuente pero tampoco imposible, si no tenemos en cuenta todo lo explicado sobre tocar de forma normal y suave e insistimos en tocar aspirando de manera agresiva o muy fuerte en una lengüeta que ya presente síntomas de desafinado es posible que se parta y que no solo se quede en la celda dentro de la armónica sino que aspiremos el trozo de metal roto hacia nuestra boca, o en el peor de los casos, hacia las vías respiratorias, garganta, laringe, etc.

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Como ya se mencionó en "Fundamentos", y en "Tonalidades / tonos de armónica para empezar", debemos considerar la diatónica como un instrumento compuesto por un juego de doce armónicas en las doce tonalidades, como base, al que podemos añadir tonalidades en octava baja como LC, LEb, etc. Esto significa que los precios asequibles de las armónicas en realidad son aparentes. Si elegimos un determinado modelo de armónica para todas las tonalidades tendremos que multiplicar por doce la cantidad que tengamos que invertir para tener el juego completo, lo cual puede no ser en absoluto nada asequible en modelos muy caros de mucha calidad, de ahí la importancia del mantenimiento, técnica, respiración y cuidados diarios de cada armónica. Además de los propios instrumentos el armonicista diatónico suele terminar comprando amplificación con lo cual el gasto aumenta considerablemente (amplificación, micrófono, pedales, efectos, etc...), con lo cual debemos de tener claro que en realidad la armónica, de forma amateur o profesional, puede llegar a ser igual o más caro que muchos otros tipos de instrumentos, y que es un punto que tenemos que tener muy claro.

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